Archivos para octubre, 2008

“Por un segundo de tu cuerpo doy el mundo”

Me enferman todas esas ideas relacionadas con aprovechar el momento, disfrutar el hoy sin pensar en el mañana, sacar lo mejor de cada momento y de cada persona…

 

Creo que en cada momento así como en cada ser humano hay cierto equilibrio de cosas; buenas y malas, lindas y feas, alegres y tristes. No somos pedazos divididos, somos un todo, no podemos solo darle a otro solo buenos momentos.

 

Es una forma muy inmadura, o inocente, o completamente superficial de relacionarse con la vida. Creo que es muy egoísta querer compartir con alguien solo sus buenos ratos, es dejar de lado, descartar, el resto de los aspectos.

 

El alma está tan llena de luz como de oscuridad y de los que quiero siento la necesidad de conocer y compartir ambas cosas. Puedo resplandecer solo con el reflejo de tu brillo así como puedo y quiero llorar en silencio con tu noche.

 

Nadie me regale un instante de perfecta felicidad, no lo quiero. Quiero más que eso.

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“… alguno de estos días, alguna de estas noches”

No hace falta que me digas que me amas, ni que me regales una flor.

No necesito que me llames para ver si llegué bien o si tuve un buen día.

No espero que seas solo mío o que me prometas una estrella.

No quiero que me beses en la frente o me des un abrazo interminable

ni que me mires por dentro, me hagas cosquillas con tus labios o camines de mi mano.

Ya no deseo nada de eso.

Quizá algunas mentiras me harían feliz o quizá esta sea la última vez que te escriba.

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Tonto corazón

- Cuando estás conmigo siempre te brillan los ojitos.

 

(Ouch) …

 

- Y vos qué sabes si no me brillan así todo el tiempo?

 

 

 

Pero no, a casi nadie le brillan los ojitos todo el tiempo…

 

Una vez mi mejor amigo me dijo que quería pasarse toda la vida en ese hermoso e idiota estado de enamoramiento inconsciente, en ese momento en el cual estás con toda tu libido puesta en una personita que te resulta realmente encantadora e irresistible y a la cual, obviamente, no conoces muy bien.

 

El tema es que para perpetuar esa situación tendríamos que saltar de “amor” en “amor” casi con tanta velocidad como los giros de Ledesma.

 

La cuestión es que para nosotras normalmente esto no funciona, tenemos el corazón tonto y casi siempre esperamos que los ojitos le empiecen a brillar a él.

 

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