El otro día Chelín me decía: si pensas que todos los días van a ser lo mismo, para eso ni te levantas!. Ella y su filosofía barata (xq no cobra) y sus Topper blancas y rosa de goma. Adórola.
Y claro que no es así, por suerte no todas las mañanas son iguales (aunque reconozco que me encantan las tradiciones y no soy muy adepta a innovar en general).
Los jueves por la mañana no son iguales, de hecho es uno de mis días preferidos de la semana. Los jueves es el día fijo que trabajo seguro a la tarde, por lo tanto, uno de los únicos dos días que puedo dormir hasta cualquier hora y estar en mi casa a esta hora. Pero no solo eso. Los jueves, además, a diferencia de los domingos que tengo franco, no están ni mi mamá ni mi hermano, con lo cual, estoy solaaaaaaa!!! Y amo estar sola en mi casa. Si, soy ortiva (como me dijo ayer Lau… gggrrrr).
Pero, loca, tené en cuenta que tengo 3 hermanos, tres! O sea… casi nunca en mi vida pude estar “sola”. Viví toda mi infancia con mis viejos, los 3 hermanos y mi abuela y cuando murió mi abuela al año nació mi sobrino (que también vivió acá hasta los 16 años). Eso suma un total de 7 (siete) personas conviviendo en una casa.
Es verdad que con tanta gente alrededor durante la mayoría del día mi infancia fue más que feliz. Siempre tenía con quien jugar, siempre había alguien a quien romperle las bolas. Pero llega un momento en que uno quiere intimidad. Oh yeah! Qué hermosa es la intimidad. Que bello es estar solo, con uno mismo.
Los jueves es el día que de mejor humor me levanto. Suelo lavar mi ropa, escuchar música a un volumen interesante, escribir, cocinarme cosas ricas, leer, y otras cosas como depilarme, pintarme las uñas, hacerme un baño de crema en el pelo y ese tipo de boludeces. Además es el día en que estoy en pijama y sin ropa interior hasta las 4 de la tarde! Es genial.
De todas maneras hoy no es un clásico jueves. Me desperté a las 8 y no me volví a dormir, así que como no podía dormir fui a molestar a mi mamá y me quedé con ella hablando boludeces hasta que se fue a laburar. Mientras ella desayunaba prendí al tele para ver un rato Mañanas Informales, como todos los días, y lo veo al hijo de Jorge Julio López hablando del padre. Uffffffffff. Eso cambió mi mañana.
Es la primera vez que habló con los medios. Dentro de dos días se cumplen 2 meses de la desaparición. Pusieron imágenes de la declaración de López en donde contaba sobre sus años de secuestro. El tipo estuvo desaparecido 2 años y 8 meses. Fue torturado de diversas formas y vio como torturaban, asesinaban y violaban a sus compañeros.
Ver eso y escuchar después al hijo es demoledor. El hijo contó que en 30 años jamás el padre había hablado con ellos de lo que vivió en el tiempo de encierro. Fue algo así como un pacto familiar no hablar sobre cosas tan dolorosas.
López desaparece la mañana de los alegatos, justo el día en que se iba a enfrentar cara a cara con los torturadores y podía hacer el reconocimiento. No se sabe mucho mas que eso hasta ahora.
Lo que más me pegó fue cuando Ginsburg, casi finalizando la entrevista, le dice: “esperemos lo que ya a esta altura sería casi un milagro: que aparezca”. A lo que el hijo responde: “yo tengo toda la esperanza y todavía no admito la hipótesis del secuestro. Yo estoy esperando que vuelva y lo voy a seguir esperando. Ya volvió una vez de la muerte, puede volver dos”.
Ginsburg le dijo en la cara lo que pensamos, creo, la mayoría de los argentinos: que al tipo ya está muerto y re contra enterrado anda a saber dónde. Cuando veo a gente así, que está sufrimiento tanto y a la vez mantiene tanta esperanza solo me sale pensar: “ojalá”.
Y no pasa solo porque el tipo con todo lo que ya sufrió “se lo merece”, ni siquiera porque es insólito e inadmisible una desaparición en plena democracia. Pasa porque los hijos de puta de los dinosaurios tienen que desaparecer.
El PRN, el proceso de reorganización nacional, la “lucha contra la guerrilla”, contra la “subversión”. Más de 30.000 desaparecidos, torturados, mujeres violadas, muertos, bebés apropiados. Algunos que aún hoy siguen pensando que peleaban contra algún especie de monstruo de izquierda que venía a instaurar el sueño de Marx: la dictadura del proletariado.
Cuando en definitiva el PRN no fue más que el cambio de una economía secundaria (fabril) a una terciaria (financiera), no fue más que la instauración de la política neoliberalista y la conformación de un grupo fuerte de poder que sostenga esas ideas y el desmantelamiento de las fábricas y las agrupaciones obreras. Se cambió al proletario por el empleado de cuello blanco.
Y aún hoy siguen las secuelas de tanto horror. Y van a seguir por siempre en la memoria. Y todavía hay gente buscando a sus familias. Y todavía hay sobrevivientes que se despiertan en medio de una pesadilla, recordando aquello.
Esta mañana de jueves viendo la tele no pude evitar ponerme a llorar, al igual que la primera vez que pasé caminando por la ESMA. Provoca impotencia tanto dolor ajeno. Y saber que la mayoría, los que no sufrimos daños directos de esa época, no somos ni siquiera capaces de imaginar lo que fue. Sin duda que es mucho peor ver sufrir que sufrir.
