Estos días estuve recordando un viejo dicho que tenia escrito en uno de mis “cuadernos de frases” que usaba de niña, el cual dice así: “No llores por los que no te quieren, apreciá a los que te aman”.
La vida está llena de encuentros casuales con gente que llega a formar parte de tu vida por un tiempo y después desaparece de ella, así como también tenemos amigos que creímos para toda la vida y no lo eran. La gente pasa… deja huellas o no, es intrascendente o no. Pero pasa… Salvo la familia y algún que otro personaje, con el resto compartimos un tramito de nuestra existencia y nos distanciamos.
Es muy triste a veces, hay gente que hubieras querido conservar cerca por más tiempo y ya no está… Pero la vida es así, un constante devenir, en todo sentido y también en cuanto a los que te rodean.
Pero, como leí una vez en un libro: “hay que aprender a soltar las cosas, hay que saber desprenderse de lo que ya fue”.
La voy a extrañar, sin dudas… supo ser mi mejor amiga, mi mejor compañera, mejor compinche, consejera. Pero es parte del pasado, como tanta otra gente.
Decidí no invertir más energía en gente que está de forma intermitente en mi vida (cuando ellos lo necesitan en general). La profundidad de una relación no puede darse de otra forma que no sea a través de un ida y vuelta elegido y permanente. Y a veces te eligen y a veces no… Si no te conoce no afecta mucho, si te conocen lo suficiente es doloroso.
Con un nudo en la garganta hoy me despido, amiga. Como diría Lau: “Exitos, cuidate”. A partir de ahora solo dedicarse a los que en verdad te aprecian y están ahí siempre. Y el resto… todooooo el resto… que saquen turno y cuando esté muy al pedo los llamo.